Introduction (Spanish)
La Filosofía del Dinero
‘Señor, Tú me has dado tanto. Concédeme una cosa más: un corazón agradecido. Amén.”
La oración favorita de mi Abuelita.
Una vez me dijo un sacerdote que los problemas más
comunes en el matrimonio tenían que ver con el sexo o el dinero, y que las que tenían que ver con el sexo son el resultado de problemas relacionados con el dinero.
Con la mitad de matrimonios terminando en divorcio y de que las parejas citan sus problemas financieros como factor que contribuye más a la ruptura de su matrimonio, una filosofía firme y cimientos firmes sobre las finanzas es imprescindible para los principios de un matrimonio exitoso.
El enfoque en el dinero en nuestra sociedad ha ido intensificándose a tal altura que, cuando hablamos de dinero, evoca sentimientos de ansiedad e inseguridad, en lugar de posibilidad. Quizás por eso tememos hablar de ello, y evitamos manejar nuestras finanzas.
El propósito de este libro es estimular un concepto positivo sobre el dinero fundado en valores espirituales, que le permita comunicarse de modo abierto y eficaz, y que le ayude a formar un plan para manejar sus finanzas que le traerá una tranquilidad y le ayudará a alcanzar su independencia financiera.
Al acercarnos al tema del dinero, si no estamos bien fundados en nuestra fe, buscamos el dinero como objeto para ser adquirido y guardado. Estamos fundados en temor – el temor de suministro limitado. Como solo podemos valernos de nosotros mismos, sentimos la necesidad de amontonar el dinero, y no estamos abiertos al flujo divino de los dones de Dios, que nos lleva a la prosperidad verdadera.
Cuando estamos fundados en la fe, no tenemos que cargar nosotros con la responsabilidad de ser la fuente de nuestra riqueza. Eso se lo dejamos a Dios y a Su amor incondicional, confiando en Su voluntad y creyendo en Su suministro sin límites para darnos todo lo que nos hace falta.
Todos hemos sido bendecidos con dones únicos de Dios: nuestro talento, nuestra inteligencia, nuestra fe, nuestro país, nuestras familias, y nuestros amigos. Conforme vayamos desarrollando nuestro talento y empleemos estos dones al servicio de los demás, nuestros talentos entonces tendrán un valor que hará generar el dinero que es necesario para ser valorado al ponerlo a buen uso.
Recuerden que Dios es la fuente de todos los dones, somos los administradores. El buen administrador no entierra los talentos, sino los usa para proveer para sus necesidades y metas (gastando y ahorrando), para ganar más dinero (por medio de inversiones), y ayudar a los demás (donando). Cada uno de estos usos positivos del dinero permite que el flujo de caridad sea transmitido y multiplicado.
En lugar de preocuparnos por el porvenir, podemos empezar cada día con una oración de gracias por lo que se nos ha dado, y ver de qué modo podemos usar mejor nuestros dones de talento y tesoro y producir riqueza a fin de ayudar a los nuestros y a nuestro mundo.
Cuando estamos enamorados, y en plan de conquista en particular evitamos el hablar sobre el tema de dinero. De pronto nos damos cuenta de que traemos consigo distintas experiencias económicas, y para evitar conflictos, no sacamos a la luz nuestros temores.
Algunos de nosotros somos de familias pobres y hemos aprendido el tenerle miedo a (o la expectativa de) la falta de dinero, aun si nos hacemos ricos. Algunos de nosotros somos de familias ricas y nunca hemos tenido que aprender cómo manejar el dinero, o hemos rechazado la opulencia que hemos visto ser empleada en forma impropia. Algunos venimos de familias moderadas con seguridad financiera, pero tenemos padres que han vivido la Gran Depresión, y que han compartido con nosotros sus historias bastantes terribles.
Tenemos que estar abiertos y sensibles a nuestras diferencias, aprender unos de los otros, buscar temas de interés en común para poder resolver nuestros conflictos, y ver este proceso como una oportunidad de compartir nosotros mismos íntimamente el uno con el otro.
Un proverbio es cierto- “el dinero no puede comprar la felicidad.” He conocido algunas personas con un poco de que valerse que están temerosos y tristes, mientras otros con muy poco dinero gozan de un maravilloso sentido de libertad y una mayor comprensión de los dones que en verdad nos hacen ricos.
He conocido a gente muy rica que son infelices y otros que están disfrutando plenamente de los frutos de su labor y lo que esto les proporciona. El ganar dinero es bueno cuando uno lo usa con sabiduría.
No importa qué tanto o qué tan poco dinero tiene usted actualmente, esa es la cantidad apenas alcanzada. Siempre habrá gente que tenga más que usted, y siempre habrá gente que tenga menos que usted. Su felicidad viene con lo que alcance y con lo que tiene al momento.
Mientras usted vaya leyendo las varias secciones de este libro, es importante tomar en cuenta nuestras experiencias y actitudes diferentes sobre el dinero, mantengan el sentido del humor, tengan paciencia, y vengan con amor al tocar el tema del dinero. ¡Y hablar sobre este tema sí que lo tienen que hacer! ¡La comunicación es un deber!
Cuando falleció mi padre, nos dejó mucho más que una herencia; nos dejó un legado. Siempre nos enseñó que cuando muere uno, no se lleva uno nada, pero sí deja uno algo atrás. Dejas esa parte de tu ser que compartiste con los demás, el ejemplo de la vida que viviste, el bien que hiciste por el prójimo, y cómo serviste a tu Dios.
Si alguno de nosotros muriera este día, no extrañaríamos el trabajo o el dinero. Extrañaríamos el tiempo con nuestras familias y nuestros amigos queridos, la alegría y la riqueza de los simples placeres de la vida, y la oportunidad que tuvimos de hacer una
diferencia positiva en este mundo.
Cuando pensamos en el dinero como regalo que Dios nos ha encomendado como administradores suyos, experimentamos un sentido de libertad inmedible que nos permite seguir con el vivir, el amar, y siendo nada más que un instrumento del plan de Dios.
Espero que este libro los habilite a disfrutar de la aventura de planear juntos su futuro financiero y atesorar el don de amor que se les ha dado.